"Introito"










Quizás porque me he acomodado más a las carencias que a las posesiones y a ser más objeto de desprecios que de cariños, de envidias que de reconocimientos, de decepciones que de ilusiones, es por lo que me encuentro "acompañada" por las ausencias: considerando tan mías éstas, las indiferencias y omisiones y olvidos, como el animal acostumbrado a recibir una patada cada mañana en lugar de un "buenos días": tan resignada como ese animal, cuando no recibe la matutina patada, y vuelve los ojos al dueño pareciendo preguntar: “¿y?... ¿dónde está mi patada?”; receloso y desconfiado de toda muestra que no sea el desafecto.Así, el mundo se reduce y simplifica: sabe una dónde encontrará, con seguridad, una antorcha que caliente el corazón en algún momento del día... como también sabe dónde y en qué momento encontrará la fea cara del maltrato... aunque se adelante y enfrente a algo tan sabido y esperado con el sempiterno "no me agradezcas, porque no lo espero... pero no me des una patada".El derecho al pataleo. Algo que siempre he reivindicado y por lo que, a buen seguro, me condenaré para a eternidad, sin importar que mis actos contradigan tanta protesta y "jaculatoria".Pero… sigo sin entender por qué, si yo amo y digo que amo; si yerro y pido perdón por haber errado; si digo que me preocupo y me manifiesto en contacto con el objeto de mi preocupación; si digo "te estimo" y me acuerdo de felicitar una onomástica; si me pregunto "cómo estará" y pregunto "¿cómo estás?"... si, en suma, tengo presente un sentimiento auténtico y, no veo otro camino sino mostrarlo y hacerlo saber... ¿porqué no otros?. ¿Todo es mentira? ¿Todo es perfidia e hipocresía?.No entenderé jamás esos "te estimo" que no recuerdan el día del nacimiento: esos "te ayudaré" que se pierden en un abismo de silencios; esos "te amo" que esconden la cabeza en cualquier agujero; esos "cuánto necesites" que nunca acuden.Ni aún esos "gracias por tu ayuda" que nunca se toman, siquiera se mencionan para los adentros, porque no se les otorga importancia ni valor...que aún sirviéndose de ellos, no sólo no se aprecian, sino que se olvidan como algo vergonzoso.Y mi incomprensión no llega del orgullo, sino de la perplejidad de saberse, ante estas cosas, poseedora de emociones perfectamente analfabetas para los aires que corren.En fin... a gusto entre lo malo conocido; dado que no cambiamos, y si lo hacemos es a peor, no deja de ser satisfactorio respirar un aire contaminado pero cómodamente predecible y conocido.Al menos deja margen para la anticipación y la defensa... si es que aún queda esperanza de un cambio, único "leif motiv" para aquélla.Bien pensado: esperanza de que nada cambie: ¿Por qué seguir diciendo "sí", cuando el mundo entero dice "no"? ¿A qué seguir esperando lo que nunca se me dio?(Leire)